Por Otilio Haro
La felicidad la dan las burbujas. En estas fechas cobran mayor protagonismo por aquello de los brindis. Aunque realmente ese brindis deberíamos hacerlo todo el año, no sólo ahora. Comer con un buen espumoso, ya sea Cava o Champagne, es un deleite. Ese momento felicidad no puede supeditarse a la Navidad. Estamos ante vinos realmente placenteros y digestivos. Las imágenes es sólo un testimonio.

Ahí está el Lallier de añada. Un champagne cuya añada es del 60 %. Elaborado con Chardonnay y Pinot Noir. Es una crema y con la mejor bollería posible… Sensaciones brutales por las que llegas a entender el glamour que se ve en alguna película donde se desayuna con el dorado líquido.

O el Raventós i Blanc… Tremenda la mineralidad que ya puedes adivinar con el nombre, Textures de Pedra. Con unos frutos secos de libro.
O ese cuello de Juvé Camps Mil.lesimé que asoma en la cubitera… Gastronómico y elegante a parir.

En fin… Como decía, ejemplos sin más. Buenos ejemplos, sí. Pero que cada cual tenga los suyos y los disfrute comiendo, no al final cuando el estómago está petado. ¡Salud y feliz año!










0 comentarios